Dos clases de obra que tienen sus manías. La pública, desde encontrar la licitación hasta certificar con su expediente y sus códigos DIR3. Y el particular que se hace su casa con el préstamo del banco, donde quien decide cuándo cobras no es el cliente, es el arquitecto que firma el certificado.

Encontrar la licitación
Construcción › Seguimiento › Obra pública trae las licitaciones de obra que publica cada día la Plataforma de Contratación del Sector Público. No hace falta registrarse en ninguna parte ni configurar nada: el servicio las descarga, las filtra a obra y te las deja ya ordenadas por lo que queda para presentarlas, que es lo que decide si una sirve. Va con el plan Empresa.
El filtro se guarda y es lo que hace útil la pantalla:
- Oficios: los veintidós que declara la propia plataforma —demolición, cubiertas, fontanería, instalación eléctrica, revestimientos, pintura…—. Para una empresa de reformas son seis casillas. Lo que no declara oficio se enseña igual, porque descartarlo por un dato que no publicaron sería perder justo las que nadie mira.
- Provincias: las que quieras, con casillas. Lo que no dice dónde es —algunos anuncios solo llegan a nivel autonómico— se descarta y se cuenta aparte, con una casilla para traerlo.
- Importe mínimo y máximo, y solo las que siguen admitiendo ofertas.
Si la puedes presentar, y si no, por qué no
Dinos dos cosas en la ficha de tu empresa —Administrador › Empresas— y cada anuncio te dirá si te sirve:
- La inscripción en el ROLECE, con su número. No es un adorno: el procedimiento abierto simplificado cubre la obra pública de hasta dos millones, o sea casi toda la que interesa, y exige que todos los licitadores estén inscritos a la fecha de fin de plazo (art. 159.4.a de la Ley 9/2017). La inscripción es gratuita y tarda semanas: enterarse el día que encuentras la licitación es tarde.
- La tarjeta de clasificación de contratista, en la pestaña Clasificación de contratista: un subgrupo por línea, tal como está escrito en tu tarjeta —C-4 es albañilería, revocos y revestidos— con su categoría y su caducidad. Dos o tres líneas en una empresa de reformas, y se teclean una vez.
Con eso puesto, el listado avisa de lo que falta en cada anuncio: que no estás en el ROLECE, que desde 500.000 € de valor estimado la clasificación es obligatoria (art. 77.1.a), o que pide categoría 4 y en C-4 tienes la 2. La categoría se mide contra la anualidad media, no contra el importe: una obra de 900.000 € a dos años son 450.000 € al año y le basta la categoría 3. Y hay una casilla para quedarte solo con las que puedes presentar.
Del subgrupo se dice «suele pedir» y no «pide», y la diferencia importa: sale del oficio que declara la plataforma, y el que pide de verdad está en el pliego.
Si no has puesto nada, la pantalla no te pinta mil seiscientos anuncios en rojo: te lo dice una vez arriba, con el enlace a donde se apunta.
Lo que no hace, y no va a poder: presentar la oferta. Licitar exige certificado electrónico, AutoFirma y la herramienta de la plataforma, que cifra los sobres en tu ordenador; no hay forma de hacerlo desde un programa. Se llega hasta «aquí la tienes, esto pide, este es el enlace».
De la licitación a la obra
El botón Crear la obra la da de alta con el título, el expediente, el órgano de contratación, los tres códigos DIR3 —que son los que después pide FACe para facturar— y el enlace a la plataforma en las observaciones. Buscar el DIR3 el día de la primera factura, con la obra terminada, es una tarde perdida.
La apertura del centro de trabajo
En cuanto la obra arranca hay que comunicarla a la autoridad laboral. La ficha de la obra tiene la fecha y el número de registro de esa comunicación, y mientras no consten la obra avisa. (El «aviso previo» del art. 18 del RD 1627/1997 está derogado desde el RD 337/2010: eso ya no se presenta.)
Obra pública
Tipo pública en la ficha: expediente, los tres códigos DIR3 (contable, gestor y tramitador, que van en la factura electrónica), la garantía definitiva (el 5 %, como aval en Garantías) y la baja de adjudicación. La factura de la certificación sale con el tipo de operación que Facturae necesita. La certificación se firma con la dirección facultativa y se exporta en BC3 para el organismo.
Precio máximo garantizado y administración
En administración no hay precio pactado: se factura lo que ha costado más un honorario. La certificación no se teclea, sale del coste imputado —material, mano de obra, maquinaria y otros— más el honorario. Aquí es donde se paga caro tener facturas sin colocar: una factura que no lleva su obra es dinero que no se certifica y, por tanto, que no se cobra. El reparto de estructura de tu empresa no se le repercute al cliente: eso es lo que cubre el honorario, y cobrarlo dos veces se nota delante de alguien que pide el detalle.
Con el honorario en porcentaje sale solo y sube y baja con el coste. Con una cantidad fija no se puede calcular —se devenga como se haya pactado— así que la línea lleva lo pactado y tú dices qué parte va este mes, propuesta con el avance que enseña el coste.
Y una obra por administración no necesita presupuesto. No es una carencia: es exactamente por eso por lo que se elige esa modalidad cuando nadie sabe qué va a aparecer.
Precio máximo garantizado es lo mismo con un techo. La pantalla lleva una barra con lo consumido y lo que queda; la obra avisa al 85 %, cuando todavía se puede apretar o pedir un modificado, y otra vez si se pasa. Lo que pase del tope corre de tu cuenta, y se escribe en su propia línea, en negativo y a tu nombre. Podría restarse de las partidas y nadie lo notaría, pero entonces el detalle dejaría de decir lo que ha costado de verdad, que es justo lo que el cliente va a contrastar contra las facturas de los proveedores. Así el detalle sigue siendo cierto y el total acaba en el tope. La factura sale con una línea por concepto de gasto, no con una sola por el total.
El contrato de las dos modalidades se redacta en el programa y dice lo que las define: el honorario y, en el precio máximo, el límite y quién asume el exceso.
Autopromotor y banco
El particular que se hace su casa paga con el préstamo del banco, y el banco no suelta un euro sin el certificado del arquitecto. Se pone el préstamo (importe y entidad) en la obra; cada certificación lleva su certificado y su paso (pedido, firmado, en el banco, dispuesto). La ficha de la obra dice cuánto va lo ejecutado por delante de lo dispuesto —eso lo está financiando la constructora— y avisa cuando un paso lleva más de quince días parado o cuando el préstamo que queda no cubre lo que falta por ejecutar.
¿No era esto lo que buscabas? Escríbenos y te contestamos con la pantalla delante.
