1 · La necesidad
La lista de la compra. Se escribe a mano o sale del presupuesto: la medición de cada partida por el rendimiento de cada material de su descompuesto da la compra entera de la obra, con cada cosa apuntada a su partida.
Comprar para una obra es lo de siempre —pedido, albarán, factura— con dos añadidos que ningún programa de gestión normal trae. El primero: cada línea sabe de qué obra y de qué partida es, y de ahí sale el coste real. El segundo: todo el tramo de antes del pedido, el que hoy vive en una cadena de correos y tres hojas de cálculo.
El tramo que falta
La lista de la compra. Se escribe a mano o sale del presupuesto: la medición de cada partida por el rendimiento de cada material de su descompuesto da la compra entera de la obra, con cada cosa apuntada a su partida.
Se marcan las necesidades que van juntas y salen en un lote. Se manda a los proveedores que elijas, y en cada oferta las líneas aparecen solas: lo único que hay que escribir es el precio.
Cada oferta en su columna y la mejor de cada fila en verde. Abajo, la línea de «comprando lo mejor de cada una», que es la que dice si compensa trocear el pedido o no merece la pena el lío.
Un botón y una decisión, que queda escrita con quién y cuándo. Si es material nace el pedido con la obra y la partida ya puestas; si es subcontrata, nace el subcontrato.
Y si la oferta llega en PDF, Zagal lee sus líneas y las coloca en la columna del proveedor. Se repasa antes de darlo por bueno: adjudicar es decisión de una persona.
La partida
Aquí está la diferencia con llevar las compras en un programa de facturación cualquiera. Sin partida, el coste de la obra es un montón; con partida, se compara con lo presupuestado capítulo a capítulo.
La factura del proveedor que entra sin obra se queda flotando fuera de todos los márgenes. Por eso hay una pantalla para colocarlas y una tarjeta en el inicio que insiste hasta que alguien lo hace: una factura sin obra es un euro que no aparece en ninguna parte.
Subcontratas
Preguntas
No. Se puede comprar como siempre —pedido, albarán, factura— y lo único que cambia es que cada línea lleva su obra y su partida. El tramo de necesidades y comparativo está para cuando se piden tres precios, que es cuando de verdad se ahorra dinero.
Del presupuesto, si quieres: la medición de cada partida por el rendimiento de cada material de su descompuesto. Sale la compra entera de la obra con cada cosa en su partida, y después se repasa y se quita lo que ya esté comprado.
Es justo lo que hace el comparativo: cada proveedor en una columna, la mejor de cada línea en verde y, abajo, cuánto saldría comprando lo mejor de cada una. Así se ve si compensa partir el pedido entre dos o no merece la pena.
Hay una pantalla para colocarlas: se ven las que están sin obra y se les pone la suya y su partida, de una en una o en tanda. Mientras estén sin colocar, ese gasto no aparece en el margen de ninguna obra, y la tarjeta del inicio lo recuerda.
Sí: lo que sale del almacén a una obra se apunta como coste suyo, con su partida. Lo que está en el almacén todavía no es coste de nadie.
Para quién
Las constructoras de edificación, que piden tres precios antes de adjudicar; la obra civil, con sus grandes partidas de material; y las empresas de reformas, que compran poco de muchas cosas y es donde se escapa el margen.
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